La biomímesis, también conocida como biomimética o biomimetismo, es la ciencia que estudia la naturaleza como fuente de innovación, referencia e inspiración para permitir resolver, al ser humano, aquellos problemas que la naturaleza ya ha resuelto.
¿Por qué inspirarnos en la naturaleza para resolver nuestros problemas?

Un error en la naturaleza supone poner en juego la propia supervivencia. Es por ello que la naturaleza desarrolla soluciones y estrategias de ventaja competitiva, optimiza el uso de recursos y modifica las propias pautas de comportamiento para, más allá de la propia supervivencia, garantizar la supervivencia de un colectivo.
Del griego “bios” (vida) y “mimesis” (imitación), la biomímesis es el término más utilizado en literatura científica e ingeniería para hacer referencia al proceso de entender y aplicar a problemas humanos, soluciones procedentes de la naturaleza en forma de principios biológicos, biomateriales, emulación o de cualquier otra índole. La naturaleza, el universo, le lleva al ser humano millones de años de ventaja en cualquier campo. Es por ello que es más ventajoso copiarla que intentar superarla.
¿Qué aporta la biomímesis al estado del arte de la técnica?
1.- La naturaleza como modelo: La biomímesis es una ciencia que estudia los modelos de la naturaleza para, luego, imitar o inspirarse en sus diseños y procesos para resolver nuestros problemas.
2.- La naturaleza como norma: La biomímesis usa estándares ecológicos para juzgar la idoneidad de nuestras innovaciones. Después de 3800 millones de años de evolución, la naturaleza ha aprendido qué funciona, qué es lo apropiado y qué es duradero.
3.- La naturaleza como mentor: La biomímesis es un nuevo modo de ver y evaluar la naturaleza. Introduce una era basada, no en lo que podemos extraer de la naturaleza, sino de lo que podemos aprender de ella.

Pero, ¿ésto no es lo que siempre hemos hecho?
No resulta nada descabellado pensar que la arriba citada es una corriente de pensamiento ya empezada a utilizar mucho tiempo atrás. Cierto. No debemos olvidar que el ser humano ya lleva muchos siglos observando la naturaleza, y así entenderla mejor para poder copiar odos sus diseños: la lista de personas que se han inspirado en la naturaleza es larguísima aunque por encima de todos ellos unos pocos nombres destacan, como Leonardo da Vinci o Nikola Tesla.
Entonces, ¿qué ocurre?
La industrialización ha proporcionado a la humanidad el periodo de mayor desarrollo y prosperidad jamás conocidos. Los desarrollos en diversos campos de la ciencia han permitido curar enfermedades, mejorar la calidad de vida, viajar mejor y más lejos, mejorar la productividad de nuestros cultivos, desarrollar una magnífica industria manufacturera; además de habernos dado un sinfín de pequeñas comodidades que no hubieran sido posibles sin la invención de objetos como la imprenta o la máquina de vapor.
Pero hay algo que falla. En estos últimos 150 años, hemos arrasado con millones de hectáreas de bosque, hemos puesto pie en toda porción de tierra sobre el nivel del mar, hemos hecho desaparecer miles de especies (tanto animales como vegetales), hemos convertido suelo fértil en suelo árido (e incluso desértico) y un todo un sinfín de consecuencias que se derivan de actuar de un modo irreflexivo, pensando que nuestras acciones no tienen ningún efecto sobre los demás.

La cita de M. Braungart y W. McDonough describe de forma clarividente el resultado de la actividad humana sobre la naturaleza tras los últimos 150 años: “Todas las hormigas del planeta, en conjunto, suman una biomasa mayor que la de los humanos. Las hormigas han sido increíblemente industriosas durante millones de años. Y, sin embargo, su productividad es beneficiosa para las plantas, los animales y el suelo. La industria humana ha funcionado a pleno rendimiento apenas algo más de un siglo, pero ha provocado el declive de prácticamente todos los ecosistemas del planeta en mayor o menor grado. La naturaleza no tiene un problema de diseño. Lo tenemos nosotros.”
¿Y qué podemos hacer?
El nivel de desarrollo tecnológico alcanzado y los siglos acumulados de observación de la naturaleza nos abren una nueva vía en la solución de nuestros problemas: biomímesis.
Resulta obvio que no estoy diciendo que renunciemos al progreso, al desarrollo y al cambio; decir tal sandez atenta contra las propias leyes de la naturaleza. Pero sí que pido que, siguiendo el consejo de Janine Benyus, ante un problema nos preguntemos “¿Cómo resolvería la naturaleza el problema?”. La industrialización nos ha hecho olvidarnos de hacernos esta pregunta.
Esto no es todo, pero es suficiente por ahora. En próximos posts hablaré de los principios de la biomímesis y una ristra de casos de éxito surgidos de la aplicación de dichos principios. Habrá menciones a Rachel Carson, Gro Harlem Brundtland, El Club de Roma, Janine Benyus, Jorge Riechmann y un sinfín de personas y organizaciones que forman parte de este, por ahora, pequeño universo.
“We must draw our standards from the natural world. We must honor with the humility of the wise the boundaries of that natural world and the mistery which lies beyond them, admitting that there is something in the order of being which evidently exceeds all our competence”
Václav Havel, expresidente de la República Checa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario